Fernando Grande-Marlaksa, Rosa Montero y Fernando Schwartz nos dicen lo que significan sus perros para ellos:
FERNANDO GRANDE-MARLASKA Llego a casa, y ahí, en la misma puerta, están Thera, mi pequeña, alocada y ya madura foxterrier, y Martina, la galga, que habiendo salido de la oscuridad donde fue arrojada, digámoslo, por un indeseable, nos ha hecho volver a sonreír. Cierro la puerta, nos comentamos las novedades del día, y cruzando nuestras miradas, tengo la convicción de que bajo su paragüas siempre me encontraré protegido. ROSA MONTERO Me encanta la alegría absoluta de los perros, y su furia intensa, su amor sin fisuras, su tristeza total. Quiero decir que sus emociones son íntegras, intactas; que no son personas, sino perros, y eso es lo maravilloso, porque los humanos somos criaturas enfermas divididas entre la parte animal y la parte cultural, y los perros, con toda su pureza, consuelan esa herida, nos curan, nos hacen mejores y más completos, nos dan lo que no nos puede dar ningún humano. Ya no sabría vivir sin ellos.FERNANDO SCHWARTZ Un perro, escogido por la razón que sea –es guapo, feo, grande, pequeño o listo- se convierte enseguida, en lo que me toca, en una criatura indispensable de mi entorno. Nosotros, mi mujer y yo, que hasta hace tres años no teníamos mascota, nos enamoramos de un Shiba Inu. Kyoto se ha convertido en nuestro compañero inseparable, a veces malcriado, a veces caprichoso, siempre dispuesto a perseguir un rebaño de ovejas y siempre lleno de ternura. Un perro cambia la vida de su dueño; se convierte en uno más de la familia hasta el punto de que, siendo el más desvalido, la mayoría de las cosas se hacen en función de sus limitaciones. Muchas veces es preciso recordar que no es un ser humano. Sólo un ser adorable y agradecido.